Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe.

Martin Buber.

Y en mi caso este destino secreto era Lamay

Llegué el 20 de Junio a esta pequeña población del Valle Sagrado de los Incas, llamada Lamay, población escondida entre montañas, entre Pisac y Calca, a una hora en coche de Cuzco. La escuela está a dos kilómetros subiendo por la carretera de la población, para indicar la dirección si coges un taxi  hay que decir: por favor lléveme al primer puente!, dónde Augusta, ahí es la dirección, así de simple, es imposible perderse jjjjj.

Una vez llegas aquí hay que bajar por el campo, atravesar un terreno dónde habitualmente hay tres toros y dos perros (Chuchu y Doctor) y llegas finalmente a Aldea Yanapay Valle Sagrado, lo primero un puente grande de madera y piedra, un río  y una casa aún en construcción preciosa, el lugar es mágico, nada más verlo me encantó.

    

Era sábado y había algunos niños jugando, los conocí y hablé un poquito con ellos, reconozco que asustada porque había bastate diferencia con los niños de Cuzco, pero yo ya me sentía diferente a la persona que llegó a Cuzco y sentía más curiosidad que miedo.

Los niños van a la escuela de la ciudad durante el día y en las tardes vienen a nuestra escuela, en horario de 15:00 a 18:30, es gratuita, el proyecto consiste en ayudarlos con las tareas y hacer tutoría para que vayan reforzando las materias que lleven peor, luego, semanalmente se organizan talleres con los diferentes voluntarios que van llegando, desde teatro, conocimiento del cuerpo, juegos, arte…. y finalmente círculo de amor y expresión, en este círculo se habla de valores y de sentimientos y cada uno puede expresar lo que necesite, el círculo sirve para enseñarles a conectar con ellos mismo, con los demás y con las tradiciones y participamos todos, niños y voluntarios, terminado el círculo toman la leche y se vuelven a casa.

Es muy parecido a la estructura de la escuela de Cuzco, para más información visitar en Facebook “Aldea Yanapay

Alrededor de la escuela hay muchas comunidades y los niños vienen desde diferentes sitios, la mayoría vienen y se van andando.

En la escuela hay 40 niños inscritos pero normalmente vienen entre 20 y 25, vienen si no tienen que trabajar, es un contacto muy cercano, los ves cada día durante tres / cuatro horas y después de un tiempo puedes saber que tal irá el día nada más verlos llegar.

Aquí no hay cobertura de ninguna clase, tampoco hay señal de internet, no hay 3G, ni tele, ni radio, para comunicarte tienes que bajar al pueblo y normalmente hay que bajar andando, 25 minutos, mi idea era estar bastante tiempo, no tenía claro como lo iba a llevar, el plan era estar unas semanas y si no me adaptaba pues podía volver a Cuzco, mi mente pensaba: si pude con Kenia esto está chupado, pero claro, en Kenia estaba Marta ( mi amiga ) y aquí llegaba sola.

La primera noche sólo oía el sonido del río continuo, sin cobertura, con la escuela debajo de dónde dormía, en construcción un círculo de madera que iba a ser un círculo de sanación…  quedaba mucho por hacer, seguía con mi objetivo en la cabeza y en el corazón: Cambiar el miedo por amor.

Juan Carlos Jugando en el recreo Taller

Película del viernes Taller de pintura Taller de atrapasueños

MIriam y sus ovejas Recreo Mi bata favorita, la de color marrón

Aquí resulta que en principio parece que no hay mucho que hacer, cuando me venía de Cuzco otros voluntarios me decían: vas a Lamay? por qué? Si allí aún no hay nada… no lo vas a soportar, bueno puedes volverte…

La vida en Aldea Yanapay Valle Sagrado:

Tranquila y divertida, aunque sea dificil de creer por una cosa o por otra cada día es diferente, y esto es algo que realmente me ha fascinado, cuando te levantas nunca sabes que va a ocurrir, quien va a aparecer, o que suceso inesperado nos sorprenderá ese día, la escuela tiene su planificación y sabemos que vamos a hacer cada día, pero el día a día con los voluntarios, el entorno y los acontecimientos es imprevisible.

En Madrid había veces que se me pasaba la semana sólo trabajando y tenía la sensación de que cada día era exactamente igual al anterior, exactamente igual que el otro día más anterior y así todos los días, aquí no, esa sensación de despertar y pensar: a ver que trae hoy el día… ha sido algo especial.

En estas semanas aquí he visitado los alrededores, otros proyectos, he participado en ceremonias, en meditaciones, en hogueras, en ofrendas a la pachamama, he jugado a juegos de mesa, a las cartas, he cantado, he cocinado, ha habido tardes de jardinería, bailado, conversado, leido…. también hubo días al principio que estuve ayudando con la construcción, lijando suelo de madera, lijando madera de ventanas e incluso pelando la corteza de los arboles de eucaliptos para construcción, lo único de todo lo que he hecho que más me ha pesado era que había que lavar la ropa a mano… pero terminas acostumbrándote.

 

 

               

 

 

 

 

 

                

  

                    

 

He teido tiempo de preparar mis propias flores del Doctor Bach, en la escuela había mostaza, Madre selva, Manzano Silvestre y Rosa silvestre y he dejado las tinturas madres preparadas para cuando venga alguien que sepa utilizarlas las pueda usar y preparar.

Tambien he preparado Kantu (No tengo la foto porque he perdido muchas), la flor nacional de Perú y una de las flores prefridas del colibrí, hervida se usa para problemas de tos y respiratorios según me contó la señora Aide pero no he tenido ocasión de testarla con mis compañeros, así que allí dejé la tintura madre preparada para cuando llegue alguien que quiera probarla.

  

He estado 7 semanas aquí, cada semana han ido llegando voluntarios nuevos y otros se iban, venían por una semana, por dos semanas, algunos sólo venían días o incluso sólo a dormir… quiero nombrar a todas las personas con las que he convivido estas semanas: Mario, Dayla, Dani, Ane, Belén, Cristina, Alicia, Soline, Petra, Crísula, Alessandro, Astrid, Marta, Clara, Lauri, Katie, Lorenzo, Leticia, Mapa, Ricardo, Carlota, Pili, Jesús, Verónica, Sandra, Meme, Yuri, la señora Aide y no me queda más remedio que nombrar a Augusta, la señora que nos cocinaba, solo pensar en ella siento alegría, me he reido mucho con ella y me ha encantado conocerla y que haya estado todo este tiempo conmigo, me lo ha hecho todo más fácil.

 

 

 

 

 

  

 

Mi función

Ser la coordinadora ha sido una mezcla de sentimientos fuerte, recordando mi trabajo en Hill’s, recordando momentos buenos y malos, he intentado poner en práctica todo lo que aprendí durante tantos años de como trabajar en equipo y he puesto lo mejor de mi en cada momento con la finalidad de que todos diéramos lo mejor de nosotros mismos a los niños y a la vez pasárnoslo bien y crecer, sacar lo mejor que había en nosotros.

Mi trabajo como coordinadora consistía en hacer reuniones con los voluntarios, explicarles como funciona la escuela, coordinar con ellos los talleres semanales, estar un poco pendiente del hospedaje, recibir cada tarde a los niños con un abrazo y asegurarme de que se lavaban cara, manos y dientes, hablar con los niños si había algún problema y que no interrumpiesen el trabajo de los demás, hacer el círculo de cada tarde y yo, como reto personal, me propuse que no se aburriera nadie que fuera allí, así que he estado pendiente de que podían necesitar y he intentado hacer un poco de todo, desde clases de baile a meditaciones guiadas en la noche.

Ha habido muchos días que he recordado a cada rato a mis antiguos compañeros de trabajo, en que estarían haciendo, en cómo serían los mails que estarían recibiendo , en como se sentirían y como me estaría sintiendo yo en las reuniones semanales que teníamos, he recordado mi vida en Madrid, mi casa de Jerez, arreglarte para salir, ir a sitios “que estén bien” a cenar, he tenido mucho tiempo para pensar y recordar y no he encontrado ni una sola imagen, ni un solo motivo que me hiciera arrepentirme de estar aquí viviendo día a día esta aventura de vivir en Lamay, tengo la sensación de que ahora, esté dónde esté, vuelva cuando vuelva, todo va a ser diferente.

Lo que me llevo

Estas semanas he aprendido que ayudar a los demás y hacer terapias es lo que me hace sentir bien, he entendido que la kinesiología no es una opción en mi vida sino que es el camino.

He entendido que detrás de cada coraza hay un alma deseando ser feliz , no siempre sabemos gestionarlo y no es culpa de nadie, es solo aprendizaje, y sólo depende de nosotros el romperla y salir a vivir.

He entendido que detrás de cada decisión siempre hay una emoción,  a todos los que se han puesto en mis manos les agradezco el que hayan confiado en mi en la manera que lo hicieron.

He entendido, gracias a las ceremonias y gracias a la ayahuasca, la importancia de honrar a tus ancestros, independientemente de si lo hicieron bien o mal, de si están con nosotros o se fueron, ahora se la importancia de mantener viva su memoria, de agradecerles  todo lo bueno que hay en nuestra vida y lo importante que es enorgullecernos de ser descendientes suyos, gracias a esto he podido entender muchas cosas de mi vida que ni siquiera sabía que no entendía

A los días de llegar mi propósito de cambiar el miedo por amor estaba más que conseguido, me encantaba ver llegar a los niños, abrazarlos y pasar la tarde en la escuela, así que, en otra ceremonia con hoguera dónde había que declarar alguna intención para los próximos días, decidí, que mi próxima intención sería “abrir mi corazón y no ser tan exigente conmigo misma, ni con los demás”.

Los niños aquí son muy diferentes, miden los límites continuamente y ha sido dificil para mi  explicares con amor  que su libertad termina dónde empieza la mía, es lo que más me ha costado y lo que más me ha emocionado.

Lo que más me ha gustado ha sido hacer las tareas con ellos, sobre todo las tareas de matemáticas 😉  y abrazarlos cada día cuando llegan, cuando estas dos días sin verlos los echas de menos, con cada uno he aprendido cosas y a muchos cada día que cierro los ojos al acostarme los veo antes de dormir, veo sobre todo sus sonrisas y sus miradas, va a ser dificil que se borren de mi mente esas imágenes.

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La primera vez que vi a Jose luis traía tarea: “hacer 10 frases con b y con v” y le dije: venga! dime una palara que lleve B!, ahí fue la primera vez que vi su mirada y me llegó al alma su expresión… no se me olvidará nunca… cuando me dijo: profe… mmmm…

Ahí sentí de verdad la importancia de ser voluntario y ahí en ese justo momento me di cuenta de que hacía yo ahí. A Jose Luis me lo llevo en el corazón para siempre, por todo lo que me ha hecho emocionarme cada día, por su ternura, por su bondad, por su mirada, por su sonrisa, por sus abrazos, por su dulzura, por sus ganas de aprender, por su esfuerzo, por abrirme el corazón y por todo lo que me ha hecho sentir, pensar y vivir estos meses allí.

La ayuda social que da este proyecto no se puede explicar, tienes que estar ahí para verlo, ojalá haya siempre muchos voluntarios que sigan colaborando porque es necesaria tanto nuestra ayuda como que personas como los voluntarios que hemos pasado por allí veamos esa otra realidad.

En cada ceremonia, en cada preparación, con cada niño y con cada voluntario, con Yuri y con toda las personas que he conocido allí, con todas he aprendido algo, he pensado mucho sobre que nos da la felicidad y sobre por qué sufrimos tanto en general, ver a estos niños llegar cada día sonriendo a la escuela, entender sus vidas, saber como viven, verlos trabajar en el campo, con los animales… todo te hace pensar.

La restricción en mis comodidades  también me ha hecho pensar sobre la felicidad y de momento la conclusión a la que he llegado es que en Lamay he sido muy feliz, he sido feliz porque no ha habido monotonía, porque cada día es diferente, por poder compartir tiempo con personas teniendo conversaciones de verdad, feliz por ver que cada persona con sus problemas te muestran su mejor sonrisa,  personas que buscan como mejorar su vida y la de los demás, feliz de reirme con Augusta de cualquier cosa  y escuchar sus historias, historias que son increibles y que me harán reir siempre que las recuerde, feliz de hacer en cada momento lo que mi corazón me decía y seguir mi intuición, feliz de volver a sentirme niña en algunos momentos, valoro mucho más cada cosa que tengo, valoro mucho más todo lo que me ha dado la vida y valoro bastante más la gran suerte que tengo de poder viajar sin billete de vuelta, la gran experiencia que estoy viviendo.

También ha habido días que me he sentido muy sola, en especial cuando se iba un grupo y venía otro, creo que por eso empecé a fumar de nuevo, cuando me siento sola fumo, prácticamente he estado fumando casi un mes pero ya lo he vuelto a dejar.

Uno de los días que más me he emocionado fue el día que Yuri me pidió que fuera madrina del círculo de sanación, fue una pequeña ceremonia que los trabajadores hacen cuando se termina el techo, así que como madrina subí al techo con él para coronarlo con una figura de un búho al que previamente le di una buena sesión de reiki para que protegiera el lugar y con la intención de que todas las personas que entren allí encuentren paz, alegría y sanación en su corazón.

  

Mi intención es volver cuando termine en Bolivia, en octubre, será la inaguración oficial del círculo y van personas relacionadas con las terapias y la sanación, así que volveré y volveré a escribir sobre Lamay.

Siento que me voy de Aldea Yanapay siendo mejor persona, habiendo comprendido cosas importantes de mi vida y de la vida, seguiré la aventura por Bolivia, sin miedo por lo que venga, con más amor por los demás y por todo lo que hago.

Gracias a todos los niños, gracias a todos los voluntarios, gracias a Augusta, gracias a la familia de Yuri por tratarme como una más los días que hemos pasado juntos, gracias a la abuelita Ayahuasca, gracias al abuelito tabaco y gracias a Yuri por toda la confianza puesta en mi.

Yuri, Fundador del proyecto Aldea Yanapay